Cuidados y Cultivo de la Planta de Aloe Vera

Aloe Vera una «planta milagrosa»

1. Cultivo del  Aloe Vera  

Cultivo de la planta de Aloe Vera

A pesar de que el aloe o sábila es capaz de crecer y desarrollarse en terrenos pedregosos y arduos, su cultivo es recomendable efectuarlo en un terreno fácil de drenar, tanto si se hace directamente sobre el suelo o si se planta en macetas, debido a que se trata de una planta procedente de climas semidesérticos.

Referente a los cuidados del aloe, lo importante, es no amontonarla y disponerla en unas macetas con unos diámetros de cómo mínimo, la mitad de la longitud de sus hojas. Por ejemplo, si tenemos una planta de aloe vera con unas hojas de 40 centímetros, el diámetro de la maceta deberá ser, al menos, de 20 centímetros. Se puede cultivar en diferentes macetas e ir trasplantarla a medida que vaya creciendo la planta. Para el cultivo de aloe en maceta se aconseja que el recipiente sea de barro en vez de plástico.

El mejor tipo de suelo para cultivar aloe es aquel que tenga un pH ligeramente alcalino, ya que un terreno demasiado ácido (con un pH 8, por ejemplo) provocara un menor y más lento crecimiento de la planta. Sus aliados son el sol y el clima templado, y no resiste las bajas temperaturas ni el exceso de humedad. Su aspecto es de tonalidad marrón cuando tiene mucho sol y poca agua, y verde claro cuando tiene poco sol. La tierra de cultivo debe ser arenosa o bastante porosa.

De este modo, las regiones más adecuadas para el cultivo del aloe son las de clima cálido y con agua suficiente como para no obligar a la planta a recurrir a sus propias reservas naturales. En aquellas zonas con extrema sequedad, es aconsejable utilizar un sistema de riego adecuado. Para conseguir un buen desarrollo de la planta, se recomienda protegerla de las rachas de viento, que podrían romper su tallo.

La temperatura ideal para un buen crecimiento y desarrollo es la comprendida entre los 20 y 25 grados centígrados, evitando en la medida de lo posible los cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche, con lluvias medias anuales no necesariamente copiosas, siendo su crecimiento más lento cuando menor sean las precipitaciones.

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El clima en la que el aloe se puede desarrollar va desde la templada hasta clima tropica y como el aloe no es resistente al frió, en las zonas de montaña donde las temperaturas desciendan hasta los cero grados, o bajo cero, deberá cultivarse en el interior. En este caso, se deberá tener en cuenta que prefiere la luz filtrada y brillante, y una orientación al sur o al este.

Tener, cuidar y  cultivar una planta de aloe en casa es la mejor manera de asegurarnos que siempre dispondremos, para sus innumerables usos, de gel de aloe fresco y sin adulterar. Esta planta es una maravilla de la naturaleza, emana buenas vibraciones y, además, cura. La variedad de aloe que tiene las hojas más carnosas es el Aloe Vera (o Aloe barbadensis Miller), y por este motivo es la más recomendable para tener en casa; sin embargo, las variedades Aloe arborescensis o Aloe ferox son igualmente válidas y también se pueden encontrar con facilidad en las tiendas.

2. Los cuidados del Aloe Vera

Cuidados de la planta de aloe vera

La forma más fácil de asegurarse de cual es el momento para regar la planta de aloe vera es usar un palillo para dientes, lo cual introduce en el suelo unos 4-5 cm, si la planta es pequeña, o unos 6-7 cm, si la planta es mayor. Si el palillo no sale sucio con tierra eso significa que usted puede regar sin problemas.

Las hojas de la planta dice mucho acerca de su salud.
Ellas necesitan crecer hacia arriba lejos de la base de la planta. Si las hojas están caídas, entonces probablemente no tienen suficiente luz. No deben estar en contacto directo con la luz solar, ya que se quemarán. Mejor cerca de una ventana en un lugar luminoso, pero sin la luz directa del sol. Si las hojas son delgadas y retorcidas, entonces no riega suficientemente la planta de aloe vera. Si observa que  crece muy lentamente, puede ser que la tierra sea demasiado alcalina o que tiene demasiado fertilizante. Póngala en una maceta adecuada y asegúrese de elegir un suelo adecuado, arenoso, y de nuevo compruebe que tiene suficiente luz solar.

A pesar de que la mayoría de los cultivadores profesionales de aloe considera que las hojas deben tener unos 90 centímetros para que sus propiedades curativas sean realmente efectivas, las plantas domésticas se pueden empezar a emplear cuando las hojas alcanzan unos 30 centímetros ya que, al estar en una maceta, la planta siempre tendrá un tamaño menor que las plantas sobre el suelo. Este tamaño ideal suele alcanzar a partir del tercer año de vida, cuando la planta ya está madura y la composición de su gel ha adquirido los niveles idóneos.

Así, hasta que se produce esta madurez, sólo se tiene que hacer una limpieza de la planta eliminando las hojas viejas (las más externas), las flores y las semillas, para mejorar la calidad y la productividad final. El aloe tiene a los hongos como a sus principales enemigos, ya que pueden causar en la planta daños irreparables, y de ahí la necesidad de realizar un buen drenaje y de no incrementar el riego para acelerar el desarrollo de la planta.

De las hojas se extrae la parte carnosa, el mucílago incoloro e inodoro conocido vulgarmente con el nombre de «cristal » (es la gelatina transparente y carnosa que forma el interior de la hoja), que contiene vitaminas A, B1, B2, B3, B6, C, E, y ácido fólico. Además, contiene minerales, enzimas digestivas, aminoácidos esenciales y polisacáridos que estimulan el crecimiento de los tejidos y la regeneración celular.

El corte de las hojas se realiza en la base, practicando una pequeña incisión y forzando la hoja con un pequeño giro hasta arrancarla. Si tenemos que cortarla para uso medicinal, lo haremos de noche o de madrugada.

Para prevenir el ataque de parásitos, la solución más efectiva es colocar siete fósforos boca abajo clavados dentro de la maceta. El azufre destruye los parásitos sin perjudicar a la planta. Otra manera de preservar la salud de la planta es regándola de vez en cuando con el agua de hervir verduras o legumbres una vez esté fría.

Recordemos que esta planta es capaz de ejercer sobre ella misma, gracias a sus jugos, los fabulosos efectos que también produce en los demás seres vivos: el efecto cicatrizante. De tal manera, si le arrancamos una hoja la planta cerrará de inmediato la herida de su parte cortada con sus propios jugos vitales y la hoja arrancada permanecerá verde y viva durante varios días. Además su gel es una mezcla natural de antibiótico, astringente y agente coagulante que inhibe el dolor, cicatriza y estimula el crecimiento. Teniendo una planta fresca en casa la podremos utilizar, como detallaremos más adelante, de tantas y tan diferentes maneras y casos que la convierten, sin duda alguna, en una «planta milagrosa» y sumamente práctica. Y esto, no olvidemos, es debido a uno de sus componentes, el germanio, que actúa como estimulador en la producción de endorfinas. Es capaz de reactivar el sistema inmunitario, tiene poder electromagnético y reequilibrador, reestructura la médula ósea, es eliminador de toxinas y ejerce de filtro depurativo del organismo.

3. Jugo de Aloe Vera contraindicaciones

No obstante, para utilizar nuestra propia planta de Aloe Vera o sábila como remedio casero y aprovechar así de manera satisfactoria todas sus ventajas, deberemos tener en cuenta algunas precauciones:

  •    El jugo de aloe y todos los derivados naturales de la extracción de la hoja de esta planta son muy ricos en sustancias curativas. Pero no debemos olvidar que uno de sus componentes, llamado aloína, tiene efectos purgantes y es desaconsejable para algunos usos internos. Un exceso de aloína en nuestro organismo puede provocar diarreas y pérdida de la flora intestinal a largo plazo. Se desaconseja el uso de esta sustancia durante el embarazo y la menstruación, pues la aloína puede provocar contracciones musculares uterinas. Hay que tener en cuenta que, antiguamente, casi todas las recetas elaboradas con aloe se hacían a partir del acíbar, que era una concentración de la aloína seca y la sustancia más apreciada del aloe. Pero en la actualidad, y gracias a las técnicas de estabilización del jugo de aloe, podemos beneficiarnos de todos los componentes de la planta siempre y cuando se mantengan las proporciones naturales de aloína de la hoja fresca para no correr ningún riesgo. Muchas casas comerciales que envasan el jugo de aloe utilizan la hoja pelada y lavada para extraer la aloína.
  •    En su uso externo el aloe también puede producir irritaciones en la piel en el caso de tener alergia a alguno de sus componentes. Para saber si es alérgico al Aloe Vera se debe frotar con jugo de aloe la parte interna de un brazo o detrás de las orejas. Si la persona es alérgica, en pocos minutos aparecerá una pequeña erupción, picor o irritación  en cuyo caso no es conveniente su uso.
  •    Tampoco deben ingerir jugo de aloe vera las personas que sufran de presión baja o que padezcan daños renales. Asimismo, las personas que padecen debilidad no deben tomarlo en ayunas.
  •    Para tratamientos largos por vía interna es conveniente, después de cada mes de ingestión de pulpa, que se suspenda el tratamiento durante una semana para dejar que el
  • organismo asimile los efectos de la planta.
  •    No utilizar el aloe vera en niños menores de doce años o personas mayores cuando se sospeche que puede existir una obstrucción intestinal o enfermedad inflamatoria del intestino. En  estos casos, tomar jugo de aloe o pulpa puede estimular la actividad contráctil del intestino y causar dolores abdominales o diarrea.
  •    Si tomamos acíbar, la dosis no debe sobrepasar nunca la cantidad de un gramo.
  •    Cuando preparemos cualquier remedio con varias plantas hemos de tener en cuenta que el aloe vera no es compatible con el nogal ni con la tormentilla.
  •    El aloe debe tomarse fresco para evitar la oxidación y obtener lo mejor de esta planta es imprescindible emplear el gel o la hoja de manera inmediata. En el caso de que queramos guardarlo por poco tiempo, debemos recurrir a un conservante como puede ser el acido ascórbico o vitamina C (limón por ejemplo). De esta manera, unas gotas pueden ayudar a conservarlo durante un margen limitado de tiempo en el refrigerador. También es conveniente guardarlo en un frasco opaco a la luz.
  •    Se debe utilizar la especie de aloe adecuada y no una especie híbrida, debido a que se podrían producir polinizaciones indeseadas.
  •    También es importante, antes de recolectar las hojas, asegurarse de que han madurado lo suficiente pero que aún no han empezado a degenerarse. Para ello, hay que comprobar que la pulpa no esté seca u oxidada.
  •    El uso continuado de aloe puede ocasionar una notable pérdida de potasio a nivel intestinal; por lo tanto, los enfermos renales o cardíacos han de tener precaución.
  •    Para beneficiarnos de todos los poderes curativos del aloe es conveniente que lo usemos correctamente y siempre con el consejo de un buen terapeuta. Antes de utilizar el aloe como remedio se debe consultar con el médico o terapeuta.

Fuentes: “El gran libro de Aloe Vera”; Lourdes Prat y Teresa Ribó

    1. Angelica

      Publicación autor

      Hola Lucy,
      No hay constancia de ningun efecto nocivo, lo único que tienes que tener en cuenta es que la tierra no sea demasiado alcalina y que no tenga exceso de fertilizante, aparte de que el clima sea cálido si la vas a plantar a la intemperie.

      Saludos cordiales.

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