Beneficios Terapéuticos del Jugo de Aloe Vera

Aloe Vera - Una maravilla para la salud

Propiedades Terapéuticas del Aloe Vera

Un caso atípico, la información científica supera a la publicidad.

        Si echamos un vistazo a los folletos informativo - publicitarios de las diferentes marcas de productos de aloe vera o sábila que se pueden adquirir en el mercado, encontraremos una larga lista de usos para el beneficio de la salud, tanto humana como animal.

Los beneficios terapéuticos del aloe vera son diversas:

  • Evita jaquecas y combate el estrés, depresión y estados de ansiedad o cansancio.
  • Emulsifica el colesterol, limpia y purifica la sangre del hígado.
  • Regenera las células mejorando el tono de la piel, combatiendo acné, manchas y psoriasis.
  • Activa toda la circulación del cuerpo.
  • Es un inhibidor del dolor, mejorando las molestias crónicas de la artritis, artrosis y reuma.
  • Regula la tiroides.
  • Activa y desintoxica el organismo, permitiendo una mejora total de la salud.
  • Cicatriza las úlceras, cura la gastritis y regula el funcionamiento de los intestinos.
  • Evita el cansancio en las piernas por mala circulación, flebitis o varices.
  • Fortalece, regenera y revitaliza el cabello.

A pesar del amplio abanico de supuestos beneficios recogidos por dicha marca comercial con el objetivo evidente de publicitar y vender sus productos, llama la atención observar que si nos sumergimos en la literatura científica sobre el tema, las propuestas sobre posibles efectos terapéuticos del aloe desborda con mucho la lista mencionada, dando la impresión de que estamos hablando de un producto tan polifacético que llega a rozar el concepto de "milagro de la naturaleza".
Es importante advertir aquí que, tal como expondremos más adelante, la imposibilidad, según las leyes del actual sistema de mercado, de anunciar los productos de aloe vera o sábila como si de un medicamento se tratara, ha hecho que algunas de las grandes multinacionales del sector se hayan preocupado en apoyar y financiar estudios científicos en universidades y otros centros de investigación, así como incentivando la propia publicación de libros, con una motivación clara de inducir a la compra de estos productos. Estamos hablando en muchos casos de publicidad en cubierta.

Una vez dicho esto, no podemos dejar de indagar entre los innumerables estudios, informes científicos, investigaciones clínicas y literatura médica (y en muchos casos industrial) para obtener la información que precisamos, en el camino de un mejor conocimiento sobre los beneficios químicos, botánicos y terapéuticos del aloe.

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La enfermedad como mensaje

        La historia y la leyenda nos dicen que milenios de tradición no pueden estar equivocados. El interés coincidente de múltiples culturas respecto a los efectos curativos del aloe vera resulta igualmente significativo. Las conclusiones de un sinfín de estudios, informes, investigaciones médicas, procedentes de las más diversas fuentes, nos hace pensar que, sin duda, algo tiene el aloe que lo convierte en una planta polifacética con un gran abanico de propiedades curativas y regeneradoras. Sin embargo, hemos de tener cuidado para no sacar conclusiones precipitadas que nos hagan acudir a los múltiples productos derivados del aloe que actualmente invaden el mercado como si se tratara de una auténtica panacea, el tan perseguido elixir de la eterna juventud y la salud garantizada a prueba de bomba.

La bomba antipersona a la que nos enfrentamos cada día de una manera casi subliminal y silenciosa está constituida por todos esos hábitos introducidos en nuestra vida diaria: el estrés y la ansiedad; la carrera contra reloj; la alimentación mal seleccionada y peor digerida, con escasa concentración, exceso de ruidos y actividad envolvente; las pocas o demasiadas horas de sueño; la vida sedentaria o el exceso de movimiento hacia ninguna parte. Cuando nuestra vida no se halla en armonía con su propia naturaleza no es de extrañar que aparezcan dolencias y enfermedades varias, en función de nuestra personalísima manera de canalizar y encubrir tensiones. Y entonces, sin ningún motivo aparente, aparecen las alergias y erupciones cutáneas, la caída del cabello o las canas prematuras, los molestos dolores en las vértebras cervicales o los terribles pinchazos en la zona lumbar, por poner sólo unos ejemplos. Para nuestra sorpresa, de nuevo, la medicina alopática convencional raramente resuelve nuestros problemas, precisamente porque el origen de nuestros males no se encuentra en los síntomas que trata de calmar, sino que éstos tan sólo son el mensaje, la voz de alarma, nuestro cuerpo cómplice avisándonos de que algo marcha mal. Entonces, cuando nos enfrentamos al fracaso de la medicina alopática, suele ocurrir que, en un intento desesperado, volvemos la mirada hacia otros planteamientos terapéuticos alternativos, sin caer en la cuenta de que nos mantenemos en el mismo terror original: el hecho de no reflexionar y analizar seriamente nuestros hábitos, nuestras actitudes, la experiencia y la práctica de la vida, en suma.

Supongamos, por ejemplo, que en un mal día nos enfrentamos a un problema de psoriasis. El especialista nos asegura que sólo los corticoides atajarán el problema, una solución que no nos convence en absoluto, ya que somos conscientes de los drásticos efectos secundarios de este tipo de tratamiento. Rechazamos, pues, la opción convencional para volver los ojos hacia otros planteamientos médicos alternativos, que nos sugieren, por ejemplo, las infusiones de diente de león y cola de caballo, por sus efectos depurativos, simultáneamente con la aplicación externa de un buen gel de aloe vera o sábila. Sin duda que este tipo de terapia (o cualquier otra sugerida por el especialista en cada caso) funcionará, y funcionará bien.

El aloe vera se está revelando cada vez más como una fuente de principios activos capaces de hacer recobrar ciertos equilibrios perdidos. Recientes investigaciones en el campo de la lucha contra el cáncer y también contra el SIDA, le están otorgando a esta planta un papel protagonista, de tremenda importancia en muchos casos, en algunos de los tratamientos planteados en el control de estas enfermedades. Pero ello no puede levantar falsas expectativas y hacernos creer que el mero hecho de tomar pulpa de aloe cada mañana en ayunas nos va a proteger de por vida contra cualquier tipo de cáncer, o que nos va a mantener bellas y jóvenes por dentro y por fuera, poseedoras de una piel sana y fuerte y de un cabello brillante y abundante, como si de una eterna y mítica Cleopatra se tratara.

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No ponemos en duda que el uso del aloe, en las múltiples aplicaciones que nos ofrece el mercado en la actualidad, pueda ayudarnos a mantener una vida sana. Pero también poseen efectos tremendamente beneficiosos como regeneradores tisulares la vitamina E contenida en el aceite de germen de trigo o en el aceite de oliva virgen; o los brotes de alfalfa, que además tienen un importante poder alcalino que neutraliza la acidez de estómago y los problemas derivados de ella; y qué decir de la acción desengrasante de la lecitina, del poder antioxidante de la betacaroteno contenido en las zanahorias, o de la oxigenación de las células producida por un cierto tiempo de respiración profunda y relajada junto a la orilla del mar o entre los árboles frescos de la montaña. Por no mencionar el tremendo logro de poder desarrollar la vida que realmente deseamos, en armonía con el entorno que nos rodea y en contacto directo con nuestra propia naturaleza. Todas ellas, y muchas más, pueden ser consideradas fórmulas válidas para una vida sana. El aloe vera puede ser, también, una más, especialmente si se trata de un producto de calidad -por encima de las guerras económicas del mercado competitivo-, utilizado de la manera adecuada y en el momento oportuno.

1. ¿Por qué no funciona, cuando no funciona, el aloe vera?

Neill Stevens, tras enumerar una larga lista de enfermedades, disfunciones, daños y lesiones que se extienden en casi tres páginas de su libro Aloe Vera, asegura que siempre existe un motivo que pueda explicar por qué no funciona esta súper planta de mil y un efectos terapéuticos, cuando no funciona. Y según él, el motivo se encuentra siempre en una, o varias, de estas situaciones:

  • Hemos utilizado una especie o variedad de aloe que no es la adecuada.
  • La planta no ha madurado lo suficiente o bien la hoja no se hallaba en un estado óptimo, sino que por el contrario contenía una pulpa ya seca u oxidada.
  • Hemos hecho uso de un producto comercial de baja calidad, o bien NO hemos empleado el producto correctamente.
  • Por último, el propio autor - un fiel defensor a ultranza de las propiedades beneficiosas del aloe - reconoce las múltiples incógnitas que aún en la actualidad se plantea la ciencia occidental, respecto al qué, el cómo y el porqué de los efectos de la planta sobre la salud.

Aún así, podemos atrevernos a hacer una relación que podría ser interminable sobre algunas de las diferentes enfermedades y disfunciones físicas en las que el aloe se ha manifestado como tremendamente beneficioso cuando se ha tratado de un producto de calidad utilizado adecuadamente. Dicho esto, vamos a hacer un ligero repaso a las diferentes formas en que puede emplearse el aloe vera como medida terapéutica.

2. El aloe y el sistema digestivo y excretor

        Alasdair Barcroft, en su libro sobre el aloe vera (La planta de propiedades milagrosas) asegura que "el aloe vera es lo que podemos llamar un sanador universal, que actúa a nivel celular para ayudar a curar y a regenerar los tejidos sanos". Esta afirmación puede ser aplicable tanto en lo que respecta al cuidado externo -la piel-, como interno -el organismo-.

En lo que respecta al cuidado externo, sabemos que el gel de aloe vera posee unos efectos depurativos y desintoxicantes, siempre a condición de que no aporte también la aloína, que se encuentra bajo la corteza de la hoja. Tomado en forma de bebida, actúa a través del sistema digestivo, penetrando en los tejidos, limpia las células muertas de la piel y favorece el crecimiento de las células más jóvenes, mejorando así el estado general de los tejidos, y propiciando, en su caso, la curación de las heridas o las úlceras.

El efecto es similar a cuando es aplicado de forma externa sobre la piel para la curación de quemaduras o la cicatrización de heridas, pero de forma interna obtiene unos resultados muy concretos y determinantes sobre las úlceras gástricas, las inflamaciones de riñones y las disfunciones del hígado o los intestinos, entre otras.

Varias investigaciones han coincidido en observar que, al penetrar en las paredes del sistema digestivo, el zumo o pulpa de aloe vera consigue eliminar las bacterias dañinas, favoreciendo la repoblación de una flora benéfica. De esta manera, las inflamaciones de cualquier tipo se veían dramáticamente reducidas, posibilitando así su correcta función en la absorción de nutrientes.

Bajo el título de "Efecto del jugo de aloe vera, tomado oralmente, sobre la función gastrointestinal de los seres humanos normales", publicado en la revista Prevention en el año 1985, el doctor Jeffrey Bland, del Instituto Linus Pauling de California, explicaba el proceso de sus investigaciones, así como los resultados que venían a demostrar el efecto beneficioso del aloe vera para mejorar las digestiones, prevenir o combatir las diarreas y la acidez de estómago, reducir el contenido de fermentos y favorecer un equilibrio de la flora gastrointestinal.

Ya en las épocas más remotas de la historia conocida del aloe se le consideraba como un laxante eficaz, debido a la aloína existente cerca de la corteza de la hoja. Sin embargo y debido al fuerte poder activo de la misma, cuando se trata de una disfunción leve se recomienda ingerir el zumo, la pulpa o algún gel comercial, con una escasa aportación de aloína. Por el contrario, cuando surge la necesidad de un purgante eficaz sería necesario recurrir a un preparado casi exclusivamente a base de la parte externa de la hoja.

La colitis - consiste en una inflamación de colon. Cuando la inflamación llega a tal intensidad que produce ulceraciones, éstas a su vez pueden llegar a perforar las paredes del intestino grueso. Ciertos experimentos realizados por los Laboratorios Carrington vienen a demostrar que tanto el jugo de aloe, tomado como bebida, como el acemanano - un tipo de polisacárido presente en la hoja de aloe, como ya hemos visto anteriormente, constituyen el mejor remedio para el tratamiento de la colitis, así como la enfermedad de Crohn.

Otras investigaciones realizadas por el doctor Ivan Danhoh descubrían que su contenido en magnesio láctico consigue reducir la actividad del estómago, disminuyendo así las molestias gastrointestinales de cualquier tipo, ya sean ocasionales o crónicas.

En cuanto a los efectos beneficiosos del aloe vera sobre las úlceras gástricas, aparecía como una consecuencia bastante lógica después de descubrir su poder como agente alcalinizador (al contrarrestar la acidez excesiva recuperando el equilibrio del PH interno). Ya en 1963, las investigaciones de los doctores Blitz, Smith y Gerard, en Estados Unidos, mostraban que 25 pacientes con úlcera de duodeno se habían curado completamente con el tratamiento exclusivo de una cucharada de aloe vera cuatro veces al día. Tanto en éste como en otros estudios similares se observó que en ningún caso existían efectos secundarios, como solía ocurrir con otros tratamientos que, además, no alcanzaban unos porcentajes de curación tan elevados. Por otra parte, en Japón se están realizando desde hace tiempo experimentos similares, y en 1992 el doctor Keisuke Fujita publicaba el resultado de unas investigaciones con ratas a las que previamente se les había producido úlceras gástricas, y que posteriormente fueron curadas con la única administración de jugo de aloe vera en grandes dosis, ingerido oralmente. En la actualidad se continúa investigando en este tipo de experimentos, con personas y en la modalidad de "doble ciego", que consiste en comparar los resultados con otro grupo de personas a las que se les administra un placebo.

De momento, hay ciertos especialistas que aseguran que diez centímetros cúbicos de zumo o pulpa de aloe con las comidas más abundantes del día es suficiente para hacer desaparecer -en el plazo máximo de dos o tres meses- un problema de acidosis crónica. De la misma manera y siguiendo el ejemplo de las antiguas tradiciones hawaianas, en algunos libros de recetas con aloe se recomienda el denominado ponche de aloe -que no es más que zumo diluido en vino caliente- como una de las formas más eficaces de prevenir las indigestiones tras las grandes comilonas festivas.

Vale la pena mencionar un experimento realizado en China por el doctor Oh con siete personas diagnosticadas de cirrosis y hepatitis que no habían reaccionado a ninguno de los tratamientos convencionales aplicados durante más de dos años. Finalmente, se probó con un extracto de aloe vera ingerido por vía oral y sólo de esta manera se consiguió que los valores numéricos de AST, ALT y bilirrubina disminuyeran drásticamente. En sólo tres meses, los pacientes habían conseguido una mejoría significativa, según el informe.

En el último tramo del tracto digestivo se depositan los desechos alimenticios del organismo. En esta zona, una congestión anómala de las venas rectales puede originar las molestas hemorroides, externas o internas. También numerosos estudios en este terreno han coincidido en que las propiedades bactericidas y antisépticas del aloe, unidas a sus virtudes antiinflamatorias y analgésicas, lo convierten en un remedio muy adecuado para combatir las infecciones y al mismo tiempo disminuir el dolor y la inflamación. Por otra parte, el efecto laxante del aloe evita el estreñimiento que casi siempre va unido a las hemorroides, haciéndolas particularmente dolorosas. En el caso de las hemorroides externas, suele recomendarse, además de la ingestión de zumo o pulpa de aloe por vía oral, la aplicación de compresas locales y baños de asiento con gel o jabón de la planta.

Aunque en estas páginas nos atrevamos a ofrecer algunas sugerencias como ejemplos y referentes al uso del aloe vera, queremos dejar muy claro una vez más que, en todos los casos, es el especialista quien debe dirigir cualquier tipo de tratamiento. Esta advertencia es especialmente necesaria en el caso de las hemorroides sangrantes o agrietadas, en cuyo caso la ingestión de aloe por vía oral podría ser desestimada o bien diluida en minúsculas proporciones, ya que un mal uso podría llegar a provocar hemorragias severas.

Pedro Crea, en su "Manual práctico y clínico del aloe vera", asegura que, diluido y en forma de enjuagues o gárgaras de tres a cuatro minutos de duración, el aloe "actúa eficazmente en casos de dolores dentales y gingivales (de las encías), neuralgias, aftas, laringitis, disfonía, amigdalitis, anginas, placas y en general, en cualquier afección bucal o laríngea", Tras los sorprendentes resultados que tuvo la aplicación del aloe sobre un paciente aquejado de una grave úlcera bucal (producida por los efectos de la quimioterapia, tras haberle sido extirpado un tumor en la boca), un buen número de dentistas comenzaron a utilizar la pulpa de aloe para combatir diferentes alteraciones estomatologías. En el caso del paciente mencionado, sufría terribles dolores debido a la úlcera bucal que sólo pudieron calmarse haciendo larguísimos enjuagues con pulpa de aloe muchas veces al día. El paciente pasó entre una y trece horas enjuagándose la boca con el zumo durante dos meses, y aseguraba que desde el primer momento el contacto directo con el líquido le calmaba el dolor. Pronto el tamaño de la úlcera comenzó a reducirse y a las diez semanas había desaparecido completamente. Su uso empezó a divulgarse para tratar todo tipo de disfunciones bucales, como la gingivitis, ampollas, herpes y demás. En 1984, un importante trabajo publicado por los doctores Steven Hayes y Peter G. Sturm aseguraba que el aloe "reduce el dolor, el sangrado y la inflamación, y que al mismo tiempo es bactericida, antiviral y fungicida. Comparado con otros tratamientos tradicionales, multiplica por cuatro la rapidez de la curación". Al mismo tiempo, demostraban que el aloe combate el sarro, ya que inhibe el crecimiento y la existencia misma de la bacteria que lo origina, el streptococcus mutans.

Por otra parte, los lápices labiales y las cremas de aloe resultan muy eficaces para el tratamiento de la sequedad y el resquebrajamiento de los labios en épocas de viento y frío, así como para protegerlos del sol en las horas más calurosas del verano.

3. El aloe y el corazón

        Las sales de calcio isocitrato presentes en el jugo de aloe vera (ingerido también por vía oral) resultan beneficiosas para el buen estado del corazón, tal como demostraron las investigaciones del doctor Danhof sobre un número de personas que se consideraba que formaban parte del grupo de riesgo. Otro estudio posterior presentado en el Congreso Internacional de Angiología en San Antonio, Texas, en 1984, coincidía en la misma dirección. Realizado por el doctor Om Prakash Argawal en la India sobre cinco mil personas y a lo largo de cinco años, comprobaba que su tratamiento a base de jugo de aloe y "cáscara de isabgol" (una planta medicinal que, mezclada con el aloe y un poco de harina, formaba una especie de pan), producía una reducción significativa en la frecuencia de los ataques de angina de pecho, así como en el nivel de colesterol LDL (el malo) y triglicéridos, mientras que el colesterol HDL (el bueno) aumentaba notablemente. También se ha podido advertir en el curso de posteriores investigaciones que la administración regular de jugo o pulpa de aloe vera por vía oral consigue disminuir la presión sanguínea, aunque aún no se ha descubierto qué agentes activos son los que provocan este efecto.

4. El aloe y la artritis

        El poder antiinflamatorio del aloe lo hace especialmente adecuado para el tratamiento de la artritis de los huesos y la artritis reumatoide, dada su acción esteroide, sin efectos secundarios. Sus propiedades como analgésico, así como para combatir las inflamaciones y las irritaciones, sirven de gran alivio en las molestias producidas por el reuma, la artritis y la artrosis, pero también para calmar el dolor producido por torceduras y dislocaciones, lesiones de cualquier tipo, magulladuras y otras molestias musculares, picaduras de insectos, irritaciones de la piel, acné, quemaduras, escoceduras, etc.

En el caso de los dolores e inflamaciones producidos por el reuma o la artritis, se aconseja la aplicación de compresas de pulpa de aloe en la zona dolorida, combinada con la ingestión de unos 10 centímetros cúbicos de zumo tres o cuatro veces al día. El efecto no siempre es inmediato, pero algunos especialistas aseguran que en el plazo de dos meses pueden apreciarse notables resultados muy beneficiosos.

Otro de los problemas inherentes a los casos de reuma y artrosis son las caídas, producidas muchas veces por el dolor y la pérdida de equilibrio que éste provoca. En estos casos, la acción regeneradora de las células que posee el aloe vera le convierte en un poderoso agente cicatrizante no sólo en la piel exterior sino también en heridas internas. De este modo, se comprobó que el aloe puede ayudar en las roturas de huesos o incluso en casos de descalcificación al estimular la formación de calcio y fósforo, así como en la rotura de los tejidos, dado su alto poder regenerador.

5. El aloe y la esclerosis múltiple

        La medicina occidental convencional no ha podido hallar hasta ahora las causas que provocan la esclerosis múltiple, sin embargo existe la tendencia a pensar que puede tener un origen psicosomático. Tras afrontar ciertas situaciones de conflicto psicológico (o simplemente como resultado de una actitud personal de conflicto o ansiedad), muchas veces las tensiones pueden traducirse en diferentes disfunciones físicas según las características o tendencias de cada individuo. En el caso de que estas tendencias se dirijan hacia las enfermedades nerviosas, podría llegar a desarrollarse la esclerosis múltiple, según la opinión de ciertos autores, entre ellos el suizo Wolfgang Wirth, conocido por sus investigaciones acerca del aloe bioestimulado.

Según este autor, un tratamiento con aloe en estas personas puede ayudar a recomponer su sistema nervioso central, además de aumentar sus defensas y su vitalidad. Junto a las inyecciones subcutáneas de aloe bioestimulado (diariamente durante un mes, seguido de un mes de descanso y otro mes de tratamiento), se sigue una dieta rigurosa, preferentemente crudívora, de alimentos frescos y sin elaborar, ricos en vitaminas y minerales, en la que el paciente, además, prescinde de especias, excitantes y sustancias intoxicantes, como el alcohol, el café, el té, la sal, el azúcar y el vinagre. Existe constancia de que su tratamiento ha logrado frenar durante años el desarrollo de esta enfermedad degenerativa, y en algunos casos diagnosticados a tiempo incluso se ha podido curar totalmente. En Rusia, otros discípulos de Filatov (el descubridor de los efectos del aloe bioestimulado) han informado también de recuperaciones completas en casos de esclerosis múltiple con una terapia similar.

6. El aloe y el asma

        El extraordinario potencial del aloe para tratar las enfermedades respiratorias quedó claro a mediados de este siglo cuando se comprobó la eficacia de la planta sobre la tuberculosis. Como explicamos anteriormente, el tema cayó en el olvido después de la práctica erradicación de la enfermedad, hasta que en 1985 un estudio publicado en Japón sobre pacientes con asma demostraba que el aloe estimula la actividad de los fagocitos, las células inmunológicas que controlan este problema respiratorio. También en Japón se comprobaba, pocos años más tarde, la notable mejoría de un grupo de pacientes con asma tras ingerir extracto de aloe durante seis meses, con efectos claramente superiores a los obtenidos por otros pacientes sometidos al tratamiento tradicional con corticoides. Posteriormente, en 1993, otras investigaciones llevadas a cabo en los Estados Unidos demostraban las cualidades estimulantes del acemanano sobre el sistema inmunológico al potenciar la acción de los macrófagos y las monokinas, que poseen una importante función de destrucción de cualquier elemento extraño e invasor. En este caso, el tratamiento tenía lugar básicamente en forma de inyecciones y de espray nasal compuesto de aloe en su mayor parte.

7. El aloe y la diabetes

        Varios estudios realizados independientemente en Japón y en Estados Unidos han venido a coincidir en las propiedades del aloe vera como agente regulador de los niveles de glucosa en la sangre de las personas diabéticas. En experimentos con ratas en Japón pudo observarse que, tras realizarles una transfusión de sangre de personas diabéticas que producía una subida inmediata del nivel de glucosa, éstos volvían a la normalidad al serles inyectado jugo de aloe en la sangre. En Estados Unidos el interés se ha centrado más en el tratamiento de los efectos secundarios de la diabetes, como inflamaciones, edemas o heridas, en cuyo caso los compuestos de aloe están teniendo efectos mucho más eficaces y rápidos que los tradicionales esteroides.

8. El aloe y el cáncer

        Después de más de veinticinco años de investigación dedicada a la lucha contra el cáncer, el doctor M. Moss llegó a la conclusión de que los tratamientos con quimioterapia, tal como se conciben en la actualidad, no consiguen prolongar la vida del paciente. De acuerdo con él o no, lo que nadie pone en duda en la comunidad científica es que este tratamiento provoca unos notables efectos secundarios, entre ellos la debilitación y destrucción del sistema inmunológico. Por otra parte, una serie de investigaciones en torno al aloe vera parecen demostrar que esta planta posee propiedades capaces de rehabilitar y fortalecer este sistema de defensa. Las propiedades beneficiosas del acemanano se descubrieron hace tiempo, en el proceso de las investigaciones en la lucha contra el cáncer. En 1947, el doctor Diller observó los efectos antitumorales del acemanano en un grupo de ratones afectados de sarcomas. Estudios posteriores descubrieron cómo actuaba sobre los macrófagos este polisacárido mucilaginoso presente en el aloe, estimulando la liberación de citokinas, entre ellas el denominado factor de necrosis tumoral y los factores de control de crecimiento tumoral.

Ya se había abierto una nueva brecha en la lucha contra el cáncer que marcaba una dirección a seguir y que definió además la pauta en numerosos experimentos en todo el mundo. Diferentes estudios realizados in vitro, o bien con ratones, perros y gatos, todos ellos afectados de tumores malignos y en muchos casos desahuciados dado el alcance de su gravedad, vinieron a coincidir en los altos porcentajes de curación de los animales tratados con acemanano de aloe vera. Incluso en el caso de la leucemia, un prestigioso científico, el doctor Tizard, llegó a concluir como resultado de sus experimentos que "el acemanano de aloe puede constituir un tratamiento efectivo para la leucemia". "Por primera vez -afirmaba-, tenemos indicios de un posible tratamiento para esta enfermedad".

Mientras tanto, en la entonces Unión Soviética, el doctor Vorontsov de Leningrado (entre otros científicos dedicados a la lucha contra el cáncer), aseguraba haber obtenido notables mejorías e incluso curaciones en casos de cáncer de mama y de los órganos genitales femeninos, en cáncer de piel, de estómago, esófago e intestinos, en las mucosas bucales y en los labios, etc. El doctor Vorontsov hacía uso del famoso método de Filatov, aplicando inyecciones subcutáneas de aloe, pero no era el único. Varios colegas europeos y americanos coincidían en afirmar los optimistas resultados de este método, en muchos casos combinado con otros elementos como por ejemplo, en el caso del doctor Wolfgang Wirth, la ingestión de grandes cantidades de zumo de zanahoria recién exprimido.

Otros investigadores, como el doctor Gribel, aseguraban en la conclusión de su informe que "el tratamiento con jugo de aloe vera contribuye a reducir la masa tumoral, y el tamaño y la frecuencia de las metástasis, en diferentes fases de crecimiento del tumor".

Como resultado de todos estos estudios, una importante empresa farmacéutica norteamericana anunciaba en 1996 que se hallaban en pleno proceso de investigación para la salida al mercado de un nuevo agente anticancerígeno derivado del aloe vera.

9. El aloe y el Sida

        En la misma línea de la lucha contra el cáncer se han llevado a cabo numerosas investigaciones para lograr un tratamiento efectivo contra el SIDA. Varios experimentos con aloe han coincidido en sus efectos tremendamente esperanzadores, en algunos casos utilizando exclusivamente el aloe y en otros usándolo en combinación con otros productos naturales (como los ácidos grasos omega), o bien con diversos tratamientos convencionales tradicionalmente aceptados por la comunidad científica, como el AZT, sólo que utilizando esta terapia en dosis drásticamente reducidas.

En el famoso estudio desarrollado por el doctor Terry Pulse en 1989, se observó que las treinta personas afectadas de SIDA que habían participado en el experimento en tan sólo tres meses habían conseguido una mejoría significativa, y muchas de estas personas que se hallaban en situación de gravedad habían podido reincorporarse a su antigua vida cotidiana con toda normalidad. En este caso, sin abandonar su tratamiento de AZT, las personas objeto del estudio tomaban entre 250 y 400 gramos de gel de aloe vera en combinación con una bebida muy nutritiva constituida por aceite de prímula y EPA.

A pesar de que la mejoría de estas personas lo calificó no solamente de "espectacular", sino de un auténtico "hito histórico", el estudio del doctor Pulse también tuvo que enfrentarse a severas críticas y acusaciones de "poco científico" por el hecho de que 90 días se considera un plazo insuficiente para sacar una conclusión de estas características. A pesar de que el estudio debía haberse prolongado durante varios meses más, los más duros juicios que recogían los medios de información hicieron que la compañía de aloe que patrocinaba el estudio retirara su apoyo. Muchos pacientes también decidieron abandonar el tratamiento, tras lo cual pudo advertirse que estas personas que dejaron de tomar aloe vieron cómo su progreso dejó de ser tan importante. En cuanto a las 24 personas que decidieron seguir la terapia hasta el final, los resultados fueron los siguientes, según Neil Stevens:

"Cinco de las personas que inicialmente estaban catalogadas con una puntuación de entre 7 y 2 (en la escala de Reed) pasaron a 0, es decir, que no presentaban ya ningún rastro de la enfermedad. Las que inicialmente tenían puntuaciones mayores de 8, descendieron 6 o 7 puntos en la escala Walter Reed. Un paciente que comenzó el tratamiento con una puntuación de 14, con abundantes tumores de cáncer linfático que ya amenazaban seriamente su vida, terminó con una puntuación de 1, y en algunos casos el número de células T llegó a quintuplicarse".

Animado por los resultados de este experimento, el doctor Pulse inició un nuevo estudio, de año y medio de duración, está vez a base de aloe vera exclusivamente. Los magníficos resultados volvieron a repetirse (al cabo del año, seis de los pacientes no presentaban rastro alguno de la enfermedad, y uno de los participantes, que sufría un cáncer terminal, había alcanzado la puntuación de 0 en tan sólo cinco meses), pero una vez más su validez acabaría siendo cuestionada por la comunidad científica por el hecho de no haberse realizado con la modalidad conocida como "doble ciego", en que parte de las personas participantes toman placebo sin saberlo a fin de comparar los resultados entre los dos grupos.

Al mismo tiempo que el doctor Terry Pulse realizaba sus investigaciones en Estados Unidos, también en Europa se desarrollaban importantes estudios en la lucha contra el SIDA teniendo como protagonista principal al aloe, o bien más específicamente al acemanano de aloe. En Bélgica, un informe del doctor Weerts manifestaba que todas las personas que habían sido tratadas con AZT presentaban efectos secundarios de gran importancia, a diferencia de las que habían tomado acemanano para las cuales, además, sus esperanzas de vida se alargaban al menos nueve meses. Otros estudios realizados en Vancouver y Calgary (Canadá) coincidían con los del doctor Weerts en que "el acemanano ha demostrado ser un tratamiento efectivo y totalmente desprovisto de toxicidad".

La gran eficacia del acemanano en la lucha contra el SIDA radica en todo un abanico de efectos diferentes. Además de sus cualidades antivíricas definitivamente demostradas, este principio activo del aloe actúa rehabilitando el sistema inmunológico y estimulando la multiplicación de los macrófagos, de las células T y las células CD-4, importantes agentes todos ellos en la lucha contra el virus de inmunodeficiencia humana. Al mismo tiempo, el acemanano combate las llamadas enfermedades oportunistas que muchas veces llegan a acabar con la vida del paciente, enfermedades tales como el cáncer, tumores, úlceras, colitis, disfunciones de la piel, etc. Durante los últimos quince años, tanto en Europa como en América, en África y en los países del Este se ha seguido investigando en esta dirección. En palabras de Néil Stevens, "en la actualidad, el acemanano se halla ya en la fase final de los complicados trámites que lo acabarán convirtiendo en un medicamento oficial para combatir el SIDA, además de un amplio número de otras enfermedades".

10. El aloe y la lepra

        Los agentes cohesivos e hidratantes del aloe, así como su acción antioxidante, antienvejecimiento y su propiedad adaptogénica, además de los archiconocidos efectos regeneradores y nutritivos, hacen que se le considere como un remedio extraordinariamente eficaz para el tratamiento de cualquier tipo de alteración de la piel, incluidas las producidas por enfermedades crónicas o muy graves, como la lepra.

Actualmente se estima que existen entre ocho y diez millones de personas afectadas de esta enfermedad en el mundo. Sus primeros síntomas suelen ser unas manchas rojas en la piel que acaban convirtiéndose en úlceras. Además del efecto corrosivo sobre la piel, tiene también un efecto paralizante y de atrofia de las extremidades. El doctor Wolfgang Wirth ha hecho servir con este tipo de pacientes un tratamiento similar al utilizado contra la esclerosis múltiple (inyecciones subcutáneas de aloe bioestimulado, diariamente durante treinta días, para descansar un mes y repetir el tratamiento durante otro mes). Al mismo tiempo, se aplicaban compresas de aloe sobre las heridas al menos dos veces cada día. Según sus informes, los resultados pueden llegar a ser muy optimistas.

11. El aloe y otras enfermedades - alteraciones de la piel

          En otras alteraciones más leves de la piel los efectos de la planta son siempre mucho más rápidos y eficaces sin reserva, como ya hemos mencionado reiteradamente a lo largo de estas páginas. La habilidad del aloe para transportar los nutrientes debido a la cualidad de penetración en los tejidos de la lignina-, humidificando todas las capas de la piel hasta las más profundas, así como su capacidad para prevenir la pérdida de agua de la piel debido a los polisacáridos, lo convierte en un producto muy adecuado para las personas que tienen el cutis muy seco. Su poder antihistamínico y antibiótico, además, la hace muy aconsejable para las pieles sensibles.

La psoriasis es una de las enfermedades calificadas como "psicosomáticas" que llegan a resultar tremendamente molestas para aquellas personas que la padecen. No existe ningún tratamiento eficaz para combatirla, pero la inmensa mayoría de los especialistas de la medicina occidental coinciden en recetar corticoides, a pesar de que sus efectos secundarios pueden llegar a afectar severamente al metabolismo del paciente.

Mientras tanto, algunos profesionales han puesto también la mirada en esta planta, utilizando cremas tópicas de aloe puro para aplicar sobre las zonas afectadas de la piel, combinándolo con la ingestión de zumos o pulpa. Al mismo tiempo, se propone una dieta sana a base principalmente de frutas y verduras crudas, enriquecida con un buen complejo vitamínico. Un estudio realizado en 1996 en Arabia Saudita haciendo uso de la obligada modalidad científica del "doble ciego", demostró que de las 30 personas que se habían estado aplicando crema de aloe durante cuatro meses, 25 habían conseguido curarse totalmente, una proporción muy superior a la de aquéllas que sólo habían estado usando un placebo.

Otra de las disfunciones de la piel donde se han demostrado los efectos positivos del aloe es el acné juvenil. Estas infecciones en los poros, provocadas por un exceso de grasa, deben ser tratadas cuidadosamente para evitar que en el futuro queden marcas en el rostro. Dadas las propiedades antiinfecciosas, de penetración profunda y cicatrizantes del aloe, no es de extrañar que se aconseje su utilización a lo largo de todo el proceso, desde la limpieza profunda, por la mañana y por la noche, hasta el empleo de buenas cremas (o bien la aplicación directa de pulpa de aloe, envasada o natural, si es posible) para el tratamiento de los granos infectados. Además de combatir las infecciones y reducir las cicatrices, un buen producto de aloe proporcionará también una buena nutrición y un aspecto saludable a la piel. Si bien las propiedades astringentes de la planta reducirán notablemente la grasa y con ello acelerará el proceso curativo, en las pieles más secas debería utilizarse en combinación con otros productos hidratantes de buena calidad.

Las manchas oscuras de la piel, producto del envejecimiento; las infecciones producidas por picaduras de insectos, medusas, hortigas, etc. y ciertas infecciones por hongos, como el pie de atleta, han conseguido también muy buenos resultados tras ser tratadas con aloe vera. Los optimistas resultados obtenidos en el tratamiento de todo tipo de alteraciones de la piel y el cabello, ha hecho que las empresas cosméticas dirijan su mirada hacia este filón, hasta el punto de que hoy día no es difícil conseguir en el mercado todo un abanico de cremas hidratantes y nutritivas, gel de baño y ducha, champú, dentífricos, cremas de protección solar, para el "peeling", para combatir la celulitis y, en fin, un amplio espectro de promesas de salud y belleza que, lamentablemente, no siempre cumplen su palabra. De lo que no cabe ninguna duda, sin embargo, es que el negocio de la cosmética ha encontrado en esta planta una mina que, a pesar de que mueve millones de euros en todo el mundo, hoy todavía se encuentra lejos de haber llegado a su máximo esplendor. Un tratamiento para cada dolencia.

Una persona de tendencias naturistas no siempre va a asumir la autoridad de un especialista en medicina convencional alopática de fácil inclinación a las recetas de laboratorio. Y viceversa, para alguien que confía en la medicina oficial, las propuestas homeopáticas o el uso de hierbas naturales serán consideradas como simple curanderismo supersticioso; la utilización de los alimentos como fuentes terapéuticas, como poco científico e ineficaz, y la potenciación de estados de ánimo positivos y creativos, como simples estupideces, si no como peligroso esoterismo. Afortunadamente, entre todos los extremos siempre existen grados de aceptación en la inmensa oferta de propuestas que nos rodean y, sin duda, en todas partes hay algo que aprender y de lo que hacer uso, llegado el momento.

En cualquier caso, no nos cansaremos de repetir la importancia de contar con un o una especialista de confianza a quien recurrir cuando nuestro organismo nos lanza el mensaje de que algo no está en orden. No nos cansaremos de recordar, también, que tanto la salud como la enfermedad son nuestras mejores aliadas, la brújula más perfecta para hacernos tomar consciencia de los errores y desequilibrios a los que estamos sometiendo nuestra vida. Y en la inmensa mayoría de los casos, por suerte, existen fórmulas de curación.

Disfunciones de la piel

   Acné. Aplicar varias veces al día un gel de aloe o, a ser posible, la hoja fresca de la planta cortada, abierta y en contacto directo con la piel. También pueden utilizarse mascarillas comerciales o hechas en casa con la pulpa de la hoja, especialmente al acostarse. La ingestión de dos o tres cucharadas de jugo de aloe a lo largo del día ayudarán a depurar la sangre y a la limpieza de la piel.

   Abscesos. Heridas. Cicatrices. Quemaduras. Después de una desinfección profunda de la herida, pueden aplicarse compresas de pulpa de aloe, en estado puro o mezclado con jugo de caléndula al 50%. También es beneficiosa la colocación directa de la hoja cortada en sentido longitudinal, raspando la superficie del corte reiterada-Imente cuando empieza a secarse. Esta aplicación debe hacerse varias veces al día, dependiendo de la gravedad. En el caso de quemaduras solares leves generalmente basta con aplicar una crema de protección solar o un gel hidratante de aloe.

   Dermatitis capilar, caspa, seborrea. Lavar el cabello con un champú de aloe y jojoba. Enjuagar con zumo de aloe diluido en agua al 50%, o bien utilizar un acondicionador de aloe. Lavar el pelo tantas veces como se precise. Sin embargo, en el caso de sequedad del cuero cabelludo, es posible que el uso de aloe agrave el problema.

  Erupciones. Los especialistas suelen aconsejar una combinación de jugo de aloe, hamamelis y caléndula, para aplicar en la zona con un algodón tantas veces como se precise a lo largo del día, dependiendo de la intensidad de las heridas y el picor.

Esta mezcla tiene efectos calmantes para la comezón y regenera la piel de una manera muy eficaz, evitando las marcas y cicatrices. El gel de aloe puro también resulta de gran utilidad.

  Infecciones por hongos. Aplicar en la zona jugo de aloe o bien un gel comercial, mañana y noche, durante tres o cuatro días, aunque utilizando la hoja fresca el resultado es mucho más rápido. Si se aplica por la noche puede que la micosis haya desaparecido a la mañana siguiente.

  Loción tras el afeitado. Tanto para hombres (en la cara) como para mujeres (en las piernas, las axilas o cualquier otra zona del cuerpo). Si la piel se muestra enrojecida o irritable después del afeitado, el jugo de aloe aplicado como loción resulta un buen calmante y suavizante de la piel. De la misma manera, evita infecciones y acelera la cicatrización en el caso de la depilación eléctrica.

   Manchas en la piel. Aplicar jugo de aloe o gel dos veces al día, durante varios meses, hasta que desaparezca. Es un remedio lento pero puede ser definitivo.

  Ojeras e inflamaciones de los párpados. Colocar un algodón empapado en una mezcla de gel de aloe y hamamelis, y dejar actuar durante unos minutos. Puede repetirse cada dos horas, hasta que disminuya la inflamación.

  Psoriasis. Aplicar gel de aloe varias veces al día, especialmente durante la noche, con ligeros masajes para su mejor penetración. Completar el tratamiento con la ingestión de entre una y tres cucharadas soperas de jugo de aloe repartidas a lo largo del día, unos 15 minutos antes de las comidas.

12. Trastornos digestivos

  Acidez. Indigestiones. Una cucharadita -de las de café- de jugo de aloe acompañando a cada comida. Otra opción consiste en tomar una cucharada sopera de aloe cada ocho horas, mezclada con alguna infusión aromática.

   Congestión intestinal. Flatulencia. Pesadez estomacal. Dos cucharadas soperas de jugo de aloe por la noche, antes de ir a la cama. Puede tomarse diluido en agua o zumos de frutas, y no perjudicará acompañarlo con unas cuantas ciruelas frescas o secas.

  Hemorroides. Hacer uso de las sugerencias aplicadas a la congestión intestinal, para facilitar las evacuaciones. También se puede completar desayunando por las mañanas un zumo de manzana y zanahoria, junto a un "chupito" de jugo de aloe. Es importante no pasarse en la dosis de jugo de aloe que ingerimos para no provocar diarreas. Para el tratamiento externo de las hemorroides, mantener una minuciosa limpieza de la zona y colocar luego una compresa de pulpa de aloe, manteniéndola durante al menos 15 minutos. Repetir tantas veces como sea necesario, especialmente después de las deposiciones y por la noche, antes de ir a dormir. También puede usarse la pulpa como supositorio. Si las hemorroides son sangrantes, es conveniente esperar a que cese la hemorragia para aplicar las compresas.

13. Afecciones de la boca

  Encías sangrantes. Enjuagues bucales con jugo de aloe de tres a cinco veces al día, especialmente por la noche antes de acostarse. Lavado de dientes y encías con pasta dentífrica de aloe. También se pueden masajear las encías con la yema del dedo untada en un poco de pasta de dientes.

  Dolores dentales. Colocar un algodón empapado en pulpa o zumo de aloe y dejarlo durante unos minutos para ir reponiéndolo por nuevas torundas, hasta que se calme el dolor.

  Halitosis. Enjuagues y gárgaras con jugo de aloe diluido en agua al 50%, varias veces al día. También puede hacerse uso de los caramelos de aloe. El cepillado de la boca con pasta de aloe debe ser muy cuidadoso, incluyendo las encías, la lengua y el paladar. Si el mal aliento es producido por disfunciones gastrointestinales será recomendable seguir tratamientos específicos, que en general incluirán una cucharadita de las de café, de jugo de aloe, tres veces al día, acompañando a las comidas.

14. Aparato respiratorio

  Anginas. Amigdalitis. Laringitis. Afonías. Enjuagues de aloe diluido en agua al 50%, al menos cinco veces al día.

  Asma. El vapor de aloe resulta un gran alivio tanto en los ataques de asma como para prevenirlos. Para prepararlo se mezclan dos cucharadas soperas de jugo de aloe en medio litro de agua muy caliente y se realizan las inhalaciones directamente sobre el recipiente. Si existe intolerancia al vapor caliente se puede utilizar el sistema del humidificador de aire, colocando la misma proporción de aloe disuelto en agua.

 Bronquitis y catarros. Una cucharada de jugo de aloe cada cuatro horas.

Los caramelos de aloe pueden atenuar los dolores o la irritación de garganta. Las inhalaciones de aloe (una cucharada sopera de jugo de aloe disuelto en medio litro de agua muy caliente) pueden resultarte un remedio reconfortante para las congestiones bronquiales.

  Artritis, artrosis, reumas y dolores articulares. Dos cucharaditas de jugo de aloe tres veces al día, combinadas con la aplicación local de compresas de pulpa de aloe, gel o linimento, sobre la zona dolorida.

15. Hepatitis

Al tratamiento convencional de dieta y reposo puede añadírsele un vaso de zumo combinado, compuesto por jugo de aloe, una manzana licuada y un limón exprimido.

16. Embarazo y el parto

  Estrías. Aplicar masajes suaves con jugo de aloe sobre el abdomen, las nalgas y los muslos, así como sobre el pechó durante el embarazo y después del parto para evitar la aparición de estrías.

  Dolor en los pezones. Durante los primeros días en que se amamanta a la criatura, esta función puede resultar dolorosa, mucho más cuando se agrietan ligeramente los pezones. Aplicar jugo de aloe sobre el pezón y los alrededores puede reducir y eliminar el dolor, además de hidratar, nutrir y cuidar la textura de la piel.

  Episiotomía. Los dolores y molestias producidas por la episiotomía en el parto pueden aliviarse aplicando compresas de jugo de aloe tantas veces como sea necesario a lo largo del día, durante algunas semanas. Además de su cuidado normal.

17. Cuidados del bebé y otras enfermedades infantiles

  Ombligo. Aplicar un algodón empapado en jugo de aloe sobre la cicatriz del ombligo de la criatura recién nacida, ayudará a su cicatrización y prevendrá infecciones, irritaciones por los pañales. Tanto el jugo como un buen gel de aloe aliviará las escoceduras y las irritaciones de la piel del culito. Aplicar tantas veces como sea necesario, después de haber limpiado previamente la zona.

  Dentición. Aplicar un algodón empapado en zumo o pulpa de aloe sobre las encías. Esto aliviará los dolores y acelerará el proceso de dentición.

  Dolores. Los dolores en las piernas y en los pies que tanto afectan a los niños y niñas en fase de crecimiento, en el vientre o en cualquier otra zona, se pueden aliviar masajeando la parte afectada con jugo de aloe tantas veces como sea preciso. Generalmente, con un ligero masaje de unos minutos tiende a desaparecer. Los dolores de oídos también pueden eliminarse aplicando un algodón empapado en el jugo.

  Fiebre. Aunque la fiebre resulta una indicación clara de que el organismo está utilizando sus propias defensas en la lucha contra los virus o bacterias invasoras, si nos preocupa una temperatura demasiado alta se puede hacer bajar de una forrna natural simplemente colocando compresas de aloe en la nuca, la frente o en las plantas de los pies.

  Sarampión. Varicela. La comezón, el picor y las molestias en general, producidas por estas enfermedades infantiles disminuyen notablemente al aplicar en la zona jugo de aloe con un algodón. Las inflamaciones también disminuirán y se acelerará el proceso de curación de la enfermedad.

Prevención en general, tónico y depurativo

          Tomar dos cucharadas soperas de jugo de aloe cada día, por la noche, en ayunas por la mañana, o distribuidas a lo largo del día. Resulta un excelente tónico y depurativo, así como un gran nutriente para todo el organismo en general. Además, asegura la regularidad del sistema cardiovascular, lo cual previene la hipertensión.

18. Cuidados domésticos

          Los efectos del aloe vera sobre el organismo son similares en el caso de perros, gatos, caballos y otros animales. Los desórdenes digestivos, artritis y otras disfunciones internas pueden aliviarse añadiendo entre una y tres cucharadas de jugo de aloe a su dieta, repartidas a lo largo del día. Si se trata de problemas de la piel o afecciones bucales, puede aplicarse de forma externa algodones o compresas empapadas en zumo o pulpa de aloe tantas veces como sea necesario. En la piel también podría utilizarse un buen gel de aloe.

Los dolores de artritis, musculares, etc. encuentran alivio con la colocación de compresas sobre la zona dolorida.

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